Nunca mi corazón ha sido testigo de tanta carga aprisionada entre mi pecho y mi cabeza…
Es difícil definir la razón por la que llegue a esto, después de tantos años, pensé que posiblemente podría refugiarme en un suspiro, en un abrir y cerrar de ojos; aquellos que definen también mi alma; creí que lograrías ver aquello que guardo, mi mayor tesoro, mi mejor secreto; sin embargo, para mi desdicha y quizás la tuya, nunca lo viste, y nunca lo veras. Abuse, lo confieso, pensé que podría descargar en ti todo aquello que me hace infeliz, todo aquello que me llena de dicha, todo aquello que me toca, compartir esta cargar, y finalmente salvar el mundo… mi mundo.
Pero me equivoque, me dedique a pensar en lo que quería. No vi lo que ocurría, no entendí porque venias. Ahora se derrumban esas ideas, esos pensamientos, y solo me quedan un par de manos frías, y una cabeza saturada. Y exploto, como una enorme bomba, se estallan mis sentidos. Se pulveriza mi mundo, me quedo sola ante la realidad, como siempre.
Esta vez ya no aguanto más, no logro cerrar esa brecha, no quiero seguir aparentando, y… si mis sentidos se hunden, si me voy al carajo; que sea sin silenciador, y que mis golpes gélidos, y mis palabras crudas sean como una bala, que atraviese la realidad, y sea parte de la herencia para este mundo… para ti.
No me preguntas qué pasa… Aunque anhelo que lo hagas… no entiendo lo que es… pero antes de terminar estas líneas, me atrevo a pedir una cosa, solo no me preguntes él porque… ni la razón… ni me pidas explicación sobre esto, sobre todo… solo… no creas que es para ti esto mi muy querido lector.












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